Creo que soy demasiado crítica, creo que pienso demasiado las cosas, creo que para vivir no hace falta tanto, creo que no ver la televisión ayuda a estar mejor, creo que…
Tantas cosas pienso que nos hacen mejores personas que no las puedo definir, creo que el mejor ejemplo para ser mejores personas es no ver la televisión, pues las personas que imitan las conductas que allí se producen son odiosas, tanto por el telediario y su pesimismo, como por el sálveme y sus gritos y falta de respeto. Menuda forma de presentar la conducta humana, pesimista o descarada, en cierto modo tiene algo de razón, pues somos pesimistas por defecto y nos gusta creer que somos infelices, pero descarados no somos, lo único que nos ha movido siempre es la supervivencia, en todo caso seriamos agresivos, que en cierta forma es lo que les pasa a este programa de tele basura.
En estos días he estado incomunicada del mundo, no tenía internet, ni teléfono ni nada de eso y os puedo asegurar que he sido feliz, que he estado tranquilamente con mis cosas y a mi rollo, tranquila, trabajando a mi ritmo, con la gente de la calle asomándose y contándome sus cosas, que si los hijos, que si la vida, que si…, y cada uno con su historia es especial, nada que ver con las historias que nos exhiben, incluso me gusta escuchar a las mujeres de la vida que en el barrio de al lado hay unas cuantas, siempre tienen alguna historia y yo las respeto por la gran labor social que realizan.
Durante este tiempo en que no te he tenido blog, he estado escribiendo una historia, la historia de alguien que quería respirar y no le dejaban, una historia contradictoria donde se confunde que está bien con lo que está mal, una historia con reflejos o pinceladas de mi, la historia de quién me hubiera gustado ser, ese ser imaginario que danza dentro de mi intentando salir a cada momento y que yo reprimía, ese ser encarcelado en un cuerpo que no asimila, ese ser que lucha por mejorar a cada paso, con cada sonrisa, con cada palabra, que escucha, que entiende, que lee, que hacía tiempo que yo no escuchaba, ese ser pequeño que no crece, que no tiene miedo al ridículo, que no se adapta a la sociedad podrida, ese ser que viaja del corazón a las piernas y me dirige, de ese ser imaginario estoy aprendiendo, dejo que dirija mis pasos, mi mirada, que sea él y no yo, censurada por la cultura y educación, quién determine mis segundos, y si te digo la verdad blog, estoy bien, esto muy bien, me gusta ser parte de la imaginación, pues sin esta yo no soy nada.
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