Cuando la responsabilidad es excesiva se convierte en enfermedad, y cuando esta se da en gente joven destroza el transcurso natural de la vida.
Ser responsable es bueno, muy bueno, creo que es el camino que nos hace crecer y tomarnos enserio el tiempo. En mi corto tiempo esta característica me llevó a ser la directora de una empresa con mas de cien trabajadores, seguramente cualquiera pueda pensar que eso es una dicha, pero yo no lo creo así. Mi experiencia fue catastrófica, pues el ser responsable no significa cargar con responsabilidad, al menos eso creía yo, pero no fue así, a los dos años me vi enfrentándome a grandes leones, a grandes empresas organizadas, yo sola, si con unos superiores claro, pero yo sola, sin respuesta en las llamadas, sin aclaraciones en las decisiones, con más dudas que yo, así que no se cómo llegó el día en que tomaba yo las decisiones, era la cabeza y la sangre, quién organizaba y elaboraba, quién vendía humo para conseguir llegar a ser una empresa, y no estuvo mal, lo conseguí y la empresa llegó a ser una más en la competición de largos. Pero todo esto tuvo consecuencias en mi, mi responsabilidad no era mala, pero cargaba con la responsabilidad de los demás, que muchos no tenían y me tocaba disculpar y solucionar, con las palabras organizadas para las reuniones y problemas, con la mentira piadosa que obedecía a mis ordenes de seguir, con tantas y tantos bocas por donde hablar, mentes en que pensar, personas en que controlar, que fui la responsabilidad de ellos, sin saberlo, si, me convertí en un ser temible que dentro de la cabeza de cada uno asignaba los sonidos del lenguaje a articular, y fue esto la causa de mi exceso de responsabilidad, de mi enfermedad mental, de mi destrozo de juventud.
Defiendo que seguir el transcurso natural del tiempo es necesario, es necesario que nuestros padres nos atiendan hasta los seis años, es necesario que de adolescentes nos equivoquemos y seamos los más rebeldes, es necesario que la juventud estudiantil se viva entre la tuna, es necesario tomar decisiones para equivocarnos y que un superior nos enseñe o corrija, es necesario salir de fiesta y quedar con tus amigos para continuar tu biografía, es necesario conocer gente y discutir con otros, es necesario reír, llorar, bailar, beber, cantar, fumar,…, es necesario para cerrar la etapa de la juventud, necesario para darte cuenta que un día ya ha pasado y tu eres distinta. En mi caso fue completamente al contrario, tuve que ser distinta y no sabia reír, cantar, llorar, bailar, discutir, conocer,…, y eso me paso la factura que todavía hoy pago, y mi pérdida está en el tiempo de conocer, se paso, ahora que es el momento de sentirme distinta no lo puedo ser, ya lo fui, ahora que hago?, volver, destruir unos años.
Que sentido tiene cuando maduras volver atrás?, por mucho que lo pienso no lo encuentro, no consigo descifrar la máquina del córtex frontal para rebobinar, pero si tengo la solución para seguir, he aprendido de mi mayor error y ahora puedo decir que en el arte del toreo lingüístico soy tenor.
Mi responsabilidad enfermiza me ha llevado a querer comprender y pensar todo demasiado joven, la historia, el arte, la política, los juegos, los gestos,…, saber el porque de las cosas e incluso las insignificantes, no hacer las cosas porque sí, sino porque es así como lo tengo que hacer, saber cuando pienso equivocadamente y mi cuerpo en contra de mi mente luchan por ganar la batalla, demasiados cosas que me cuestiono y pregunto, demasiadas cosas que sé el porque, demasiados argumentos… Desearía ser en muchos aspectos como la gente que conozco, aprender y desaprender sobre el tiempo transcurrido y no sobre la nube de lluvia de cuestiones, no ser distinta, sino igual, pero mi problema es que en mi línea del tiempo se ha dado un salto que no vuelve atrás, y es por esto que en ser distinta ya les llevo anticipada unos años, aunque no quiero y muchos pensamientos los dejo en el cajón del silencio.
Por mi parte no quiero responsabilidad para la gente que vive a mi alrededor, si respeto, pero no este palabro tan largo que en el transcurso se convierte en la patología natural del equilibrio, arrastrando consigo a un grupo de gente que sin saber porqué es distinta, en la que su reloj no es de arena, sino de piedras, que caen y nunca se convertirán en arena porque ya han solidificado.
Felicidades.....es un paso mas a la cordura
ResponderEliminarGracias, poco a poco y con esfuerzo voy siguiendo
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