Desde hace bastante buscaba un libro antiguo cuyo título es “Ruinas en Construcciones Antiguas”. Lo he buscado por ferias del libro de segundo mano, tanto en Valencia, Barcelona, Madrid o dónde me encontrará, en librerías de segunda mano, en anticuarios, …, en un montón de sitios insospechables tanto físicamente como en la red. Cuando lo localizaba en alguna librería por la red enseguida lo compraba para que me lo remitieran, pero nada, a los días me contestaban que era un erro, que no lo tenían, que se apuntaban mis datos y me decían algo si les entraba otra vez. Pero la casualidad ha querido que llegue a mis manos, esta vez por parte de la red, no quiero cantar victoria hasta que lo tenga en mis manos, pues después de más de 7 años buscándolo, no quiero ilusionarme observando los monumentos destruidos por la fatídica Guerra Civil y las restauraciones realizadas en los años sesenta.
El caso es que en las fotografías de este libro se observa el esqueleto constructivo del monumento, su columna vertebral, como se sujeta, la sección de los arcos, la sección útil de trabajo, los estados límites, tantas y tantas cosas para ver en unas fotografías desoladoras que me enseñan por semejanza el trabajo actual de las partes consistentes.
Mañana sale de Vizcaya camino de mi piso, supongo que en un par de días lo tendré y espero poder relajarme en el blanco y negro roto por el fuego, así como lo observo en Belchite, con su derrota se abrió la puerta de Zaragoza para las tropas franquistas, dejando un pueblo asolado, bombardeado, del que hoy quedan las dos puertas de entrada a la villa, algunas casas señoriales y tres edificios religiosos, soportándose como pueden y entrando la lluvia a su interior sin que nadie los cubra. Este ejemplo de destrucción constructiva, no voy a nombrar aquí la destrucción de vidas, me sirve de base y sensibilidad, pues es en esos momentos, cuando observas las fachadas desplomadas o las vigas dobladas, cuando te das cuenta la fuerza por la unión isostática del elemento, como el movimiento es resistencia, como la rigidez derrumba sin avisar, y consigues en ese momento el respecto por la sensibilidad de los elementos vivos, vivos porque no han caído, vivos porque resisten y a pesar de todo, abandonados en el tiempo y a su suerte.
Observando estos movimientos pienso en la transmisión en mí día a día, si ser flexible es mejor que rígida, lo tendré que reflexionar bien, pues tanto en las páginas como en lo real me enseña que en la realidad el movimiento es superar la adversidad.
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