Me gusta conducir, no me importa pasar horas y horas recorriendo kilómetros y disfrutar de los bellos paisajes que me ofrece la naturaleza. Hace un año pasaba más horas conduciendo que durmiendo, por mi trabajo me desplazaba de aquí para allá y siempre disfrutaba del trayecto, descubría cosas nuevas en el paisaje y las estaciones llenaban de colores los árboles.
Una de las cosas que más disfruto es conocer los lugares, saber llegar a los sitios, conocer sus calles, su orientación, sus carreteras y caminos, lugares recónditos y disfrutar de las puestas de sol. Ver el color anaranjado sobre los olivares del sur o por el contrario el color amarillo pajizo en el norte sobre los viñedos o pinos, me llena de satisfacción, es como si el color entrara en mi recordándome que mañana volverá a ser otro día lleno de luz y bañado de color, y por supuesto diferente, dependiendo de mi situación o lugar, dependiendo de donde me encuentre, pero siempre siendo el mismo.
En estos momentos no realizo viajes y a veces siento que me falta algo, pero es en esta situación cuando me doy cuenta que el disfrute mío estaba al límite, pues evadiendo mi mente en la conducción sentía el poder relativo del tiempo revolucionado mi cuentakilómetros y llegando a velocidades límite, que mientras conducía necesita para sentir como si del vuelo de un pájaro se tratara que el vehículo era ligero como ellos. Es ahora cuando añoro lo bueno veo lo malo, ver como arriesgaba diariamente mi existencia sin pensar en nada más que conducir y conducir, y es que siempre, desde pequeña, la velocidad me ha llenado de alas. Por supuesto no hace falta que diga que esto lo hacía cuando podía, cuando a mi alrededor no existían vehículos a los que poner en peligro, manteniendo siempre las distancias de seguridad, siendo esta medida la más importante para evitar accidentes.
Estas alas que creía que conseguía en la soledad de mi volante no me aportaron nada, simplemente momentos, y sin pensar en nada me sumía en el silencio obligado del final, ese final que cierra voces, gestos, amores y amigos, y que olvidamos cuando nos hace sentir unos grandes payasos, pero sintiendo el fin en la calzada de alquitrán de cualquier lugar bañado por el color de la diferente luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario