Te olvido y te
recuerdo, te siento y te pierdo, pasan los meses, semanas, días y todo sigue en
el mismo lugar, en el mismo tiempo, sin el paso del tiempo del reloj, encerrado
en un byte de la memoria virtual inexistente de la nube oscura de la posible
claridad.
Darte cuenta que
pasan los días y días, que continuas tu camino y no saber donde se cierra el
destino es una parábola difícil de describir y entender, tal vez porque no se
puede entender y debo dejar pasar y pasar las horas con mi vida, con mis
inquietudes y sin provocar la explosión decadente del mañana.
Quiero ser la
mariposa de colores que vuela libre por el campo, de amapola en amapola,
depositada sobre el color rojo de los pétalos y sin pensar en nada más que en
tono de la primavera floreciendo del frio invierno.
Escribir me
suelta la expresión del silencio, te confío mis inquietudes, dudas y placeres,
no tengo tapujos para ti y sin embargo siento que no me entiendes, que tu
frialdad llamativa queda impresa en el sentir de mis necias palabras, que sin sentir
puedas saber sentimientos, que sin sentimientos las palabras dejen huella en la
voz de quién no habla.
Ayer estuve
viendo una película que me dejo con un nudo en la garganta, ya hacía demasiado
tiempo que no lloraba con una historia y posiblemente lloré por la realidad de
la crueldad ocurrida. La película era La Voz Dormida, cuenta la historia de la
parte derrotada en la maldita Guerra Civil, donde tanta gente inocente murió,
me da igual color, rojo o azul, porque la justificación de una guerra es
inexistente, no puede ser el maldito poder quién enfrente a hermanos y maté a
padres e hijos. Qué triste y que bien hecha esta esa película, que
interpretaciones de las actrices, y cuantas maldades ordenadas por gente
desequilibrada y todavía peor la ejecución de estas por mandos sin compasión.
Quisiera olvidar
este momento de crisis, pero es imposible debido al batallón de malas noticias,
ayer mientras veía esta película vi reflejada la guerra del dinero que nos han
provocado, como matan sin compasión en silencio de hambre a familias, como los
padres abandonan a sus hijos en la puerta de asilos y demás por no poder
mantenerlos en Grecia. Cómo la catástrofe cierra el círculo de la determinación
provocando la elipse de la circulación final hacia el infinito de la pobreza y
esclavitud, no quiero, no quiero y no quiero, no quiero ver este final, y si lo
veo, que me pille durmiendo para llorar en el sueño de lo que no fue.
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