Ayer no puede comentar nada contigo, no porque no quisiera,
sino por pereza, la pereza que me produce salir de casa y volver cansada con
ganas de tumbarme y no pensar en nada, pero, esto es imposible y estuve
pensando en ti, en las reflexiones que te he dicho, en las mentiras y verdades,
en la expresión e incomprensión, para en definitiva volver al mismo lugar,
aquí.
Fue un día de trabajo y pereza, pero con la esperanza de ser
atrapada por un sueño de primavera, pues por la noche tenía dos entradas para
el teatro, para ver la nueva función del Brujo. Vi a este actor hace muchos
años interpretando al Lazarillo de Tormes, yo era una adolescente sin mucha
motivación y bastante pasota, pero aquello me atrapó, su interpretación me
llevó al lugar deseado, metiéndome dentro de una época nueva, atraída por la
voz, la luz y el negro de una función en soledad, para mí fue espectacular, y
con esa motivación fui ayer al teatro.
Tengo que decir que fue toda una decepción, tan clara, tan
clara esta la obra que no deja que el espectador interprete nada, tengo claro
que el actor quería expresar en su opinión de Shakespeare, pero para mí esa desnudez
subjetiva carece de atracción, no me pude dejar llevar, no puede ser el viajero
en el Globo con los bailes de los bufones, y me he quedado con esa espinita de
no ser lo que pudo ser.
La representación se llama “Las mujeres de Shakespeare”,
pero para mí no es una obra teatral, sino más bien lo definiría como un
monólogo, yo sabía que iba a ver una función dónde el amor y el sexo era el
tema fundamental, pues quién mejor que para manejar estos temas que una mujer,
pero creía que el punto de vista lo pondría yo, no me dirían el qué, cómo y
porqué. Tuvo también unas notas de humor políticas y de la monarquía, pero para
hacer eso no hace falta llevar como bandera el título de Shakespeare, más bien,
con lo fácil que esta hoy hablar de esto con cualquier juego de palabras
hubiera bastado.
Pienso que ir a ver una función del Brujo y Shakespeare no es
elegido por todo el público, no es como los Morancos, que todos sabemos a qué
se dedican, opino que el público se mueve por unas inquietudes y que elige a
través de un actor o un estilo su gusto. El espectador es selectivo y sabe que
quiere ver cuando compra unas entradas, la sorpresa es encontrar humor por
falta de sueño.
Te cuento de qué va la obra, esta gira en torno el fantástico
lenguaje de la comedia de un genio, de la interpretación que hacen los más
eruditos, y de los juegos que hacía en la época para divertir, definiendo lo
que son, juegos, de palabras, de gestos, para sacar la carcajada fácil del
público asistente, para esto no hace falta ser un genio, el genio es hacerlo
sin ser explicito. Al final de los finales todo se reduce a lo mismo, a la risa
fácil de por debajo de la cintura que ya antes gustaba y todavía hoy se
utiliza, simplemente porque es real, porque a todos nos gusta y muchas cosas
nos provocan pudor para decirlas, así que escucharlas nos produce reír a
carcajadas.
Tienes que pensar que en el Medievo el amor significaba
sexo, eso que ahora idealizamos y con una palabreja extraña llamamos
romanticismo no es más que un cuento inventado, un cuento que nos gusta y que interpretáramos
en el teatro de la vida, pasando por la comedia claro está. En la época de
Shakespeare estamos en el barroco, con los dulces rostros, con las ropas
refinadas y decoradas, con los paisajes de ensueño, para darnos cuenta de esto
tenemos que mirar en los lienzos, la pintura y arquitectura que hemos heredado,
mucha fachada inventada de algo irreal, en la arquitectura es el ejemplo más
explicito, el exterior es una verdadera maravilla, pero no mires el interior
porque constructivamente es un desastre, esto te explica que dentro no pasa
nada que sea una chapuza, pero fuera tiene que captar la mirada de todos. Pues
en este contexto, dónde marear la perdiz era un arte, la comedia juega con las
palabras para expresar que detrás de tanta pintura y ropas existe lo que todos
sabemos y que disfrutamos, lo que tanto nos gusta y que existe desde la primera
creación y que tal vez por eso es por lo que nos hace gracia, porque fue la
naturaleza la que definió esto, sino posiblemente, sino nos produjera placer y
genialidad, la reproducción y llegar a este punto no hubiera sido posible, así
que mandados por sus leyes somos unas marionetas de su gusto.
No me gusta porque no veo ningún mérito en que la gente
saliera del teatro pensando que Shakespeare hablaba de lo banal del sexo,
sobretodo la obsesión masculina perenne bajo la supeditación femenina, esto ha
existido, pero no siempre, es algo infundado y que desaparece para volver a ser
con la adquisición de la cultura los antecesores de nuestros orígenes, siempre
hemos dicho que la historia se repite, y es así, ahora caminamos al amor libre,
no importa el sexo, simplemente que te guste, disfrutar y libre, sin clases ni
marcajes, regresando en el alarde de mi memoria a mis admirados griegos y
romanos, y su forma de amar o fornicar.
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